Pilar Acuña nos cuenta que viajar sola, no es ni aburrido, ni feo como parece…

Pilar Acuña, Periodista y Presentadora de Tv

Habitación para 1

Hace 4 meses, sin mucho pensarlo, hice algo que tenia tiempo de no hacer y que es de las cosas que más disfruto: irme de viaje sola.

Tenía tres años de haber vuelto de España después de una beca de periodismo y soñaba con volver a recorrer Madrid.

Un día encontré un tiquete barato y me decidí a revivir mis meses en España: sola, conmigo y con todos los recuerdos que me trae ese país de una época maravillosa.

Para la gente, que una mujer viaje sola y más teniendo novio, amigos y familia, es raro, ¡rarísimo! y solo eso ya es el inicio de la aventura. Viajar solo no es para todos y eso lo puedo entender perfectamente. A muchos les parecería aburrido, o un encuentro demasiado violento con la soledad o simplemente les da miedo.

Hay otros que no solo disfrutamos esos espacios de soledad, sino que los necesitamos y los buscamos cada cierto tiempo. Ninguno es bueno ni malo. Son personalidades, caminos de vida, experiencias del alma o cómo queramos llamarlo.

En mi caso, hacer un viaje sola es el resultado de un largo proceso de autoconocimiento en el que de verdad disfruto mucho de mi propia compañía. Hace mucho dejó de parecerme raro ir a comer sola, al teatro, al cine, tirarme a leer y escribir en el parque, ir de compras, llegar y salir del hotel a la hora que quiero.

¿Cómo más podría uno almorzar tres veces seguidas en su restaurante favorito de pinxtos?

¿O cenar helado todos los días, pasar a mi tienda favorita a ver todo y no comprar nada y llegar todas las noches a ver TVE en el hotel? No sería justo exponer a alguien más a esas torturas.

Eso no quiere decir que no ame viajar con gente o que no extrañe a quienes quiero, más bien creo que irse un rato lejos de todo lo conocido es la mejor manera de saber quién es importante para uno, extrañar a la gente correcta y querer volver para tenerlos más cerca.

Todo viaje es un aprendizaje y viajar solo es ser autodidacta en muchos campos.

Desde que hacemos las reserva en hoteles empieza el reto. Las tarifas siempre están pensadas para dos y viajar solo es siempre más caro, por eso es todo un curso de maximización de recursos.

Con sitios como Air BnB y Booking.com ya es muy sencillo reservar un hospedaje de acuerdo a las necesidades de cada quien. Un aspecto crucial que determina parte del éxito del viaje es la ubicación.

Recuerde que va a andar solo, así que los traslados jalando equipaje no serán muy divertidos. Si quiere ahorrarse la incomodidad y llegar en taxi al hotel, es mejor que sea uno cercano al aeropuerto para que no gaste mucho, sin embargo eso por lo general, implica que esté lejos del centro.

Mi recomendación para tener lo mejor de los dos mundos sería escoger un hotel céntrico, porque eso va a darle comodidad durante toda la estadía, pero asegurarse que ofrezca servicio de transporte al aeropuerto o que por lo menos el bus o metro que llega a la terminal quede muy cerca.

En mi caso no conectar el teléfono es parte de mi ritual de viaje, amo no saber nada del mundo en el día y solo conectarme al llegar al hotel. Así además me ahorro ese gasto y de todos modos ahora en todo lugar hay WIFI y para los temas de ubicación hay muchas aplicaciones que funcionan offline. Créanme que si yo puedo con este mini reto tecnológico, todo el mundo puede.

Si tiene tiempo sin hacerlo o irse de viaje sólo sigue en su lista de pendientes, ¡deje de posponerlo y dele ya! No hay miedo. Estoy segura de que hay un ángel de la guardia especial para quienes emprendemos estas aventuras, el que hace que no nos perdamos mucho o que encontremos tiquetes del metro tirados en el suelo, o que nos regalen cortesías en los restaurantes. Cualquier momento, estado o situación es bueno para hacer lo que a uno lo hace feliz.

Viajar solo, dejando atrás lo conocido prueba nuestra capacidad adaptación, es querer incomodarse al propio en busca de descubrir el mundo más allá de nuestro entorno inmediato. El resultado solo puede ser de maravilloso crecimiento.

Este no es un texto como muchos posts de este tipo que asocian estas vivencias a la soltería o la independencia radical y a vivir “sin compromisos ni ataduras”. Creo que una cosa no tiene porqué excluir a la otra. Para mí, las relaciones de amor en mi país le dan sentido a estas experiencias fuera.

 Mi novio, mi familia y mis amigos son mi ancla. Sentirse parte de núcleos de amor, aún estando en una ciudad donde nadie te conoce, confirma que hay arraigo en el corazón y en el espíritu y eso uno se lo lleva a donde sea, sin maleta.

Como todo son etapas, en un momento viajar sola talvez fue huir de algunas cosas, en otro fue descubrirme a mí y en este momento de mi vida hace que me dan ganas de estrechar relaciones. Ver parejas de la mano, una mama con su hija de compras, a dos amigas tomando café o a una embarazada viajando en el metro en el regazo de su esposo, me recuerda el valor de tener y cultivar esos vínculos y me hace querer cuidarlos y hacerlos crecer.

Vuelvo de un viaje sola y soy mejor, soy más feliz, más segura, más interesante, más culta, más divertida.

Llega el momento en el que si hemos construido una buena vida, viajar ya no es huir. Viajar sirve para volver con más fuerza e ilusión a nuestra cotidianeidad, con ilusiones y metas renovadas para vivir el que conforma el viaje más importante: el del día a día.

 

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